AWKIN BUDI, o "Ecos del Budi", es una compilación fonográfica en la que se invita a valorar la creación musical de los ngellcantufe de la zona del Lago Budi e Isla Huapi, al sur de Chile, buscando preservar y dar a conocer su canto como un aporte a la conservación de la lengua materna y la identidad de las nuevas generaciones de niños y niñas mapuche.
El Ngell es el canto que alguno de los mayores ha creado en cierto momento de sus vidas para narrar una historia, un suceso, un sueño, una enseñanza o una aflicción. Deviene en reuniones sociales, junto al fuego y también en el trabajo: en la trilla. en la siembra, etc. A través del Ngell también se recuerda a las personas que han partido. El Ngell no es cualquier canto, es casi como una huella digital de su creador y un sentido que trasciende.
Hay Ngell románticos, educativos, melancólicos y graciosos. Cada ngellcantufe -o interprete- tiene su estilo y repertorio caracteristico, el que va desplegando parsimoniosamente en un gesto coloquial insospechado con el que también se renuevan, preservan y transmiten acervos culturales preeminentes y arcanos.
El ngellcantufe tiene la habilidad de inventar e improvisar sus propios cantos, articulando un repertorio al que también añade las interpretaciones que ha escuchado de sus padres, abuelos, algún pariente o vecino de comunidad. Dicho caracter compilatorio no es menor; cuidar estas melodías es una de las responsabilidades del ngellcantufe.
El Ngell recrea pasajes del arquetipo mapuche, rememorando las costumbres, usansas y utencilios de un pasado difuso que parece remontarse a los tiempos de sus abuelos, a su propia infancia... tal vez a una idealización compleja de lo mapuche, en donde la temporalidad es fluctuante y reductible.
En cualquier caso, el Ngell ejerce acto de memoria y perturba el cotidiano con su melodía cansina ora divertimento ora nostalgia ora suspensión, otredad y disonancia.
Los registros fueron realizados en terreno, en las casas de doce familias lafquenches, por un equipo conformado por el artista sonoro Jorge A. Olave Riveros y el ayekafe Joel Maripil Levipil, quien ofició de traductor y asesor intercultural.








